Fotos: cortesía
El club tuvo jugadores, dinero y afición, pero no logró ser competitivo ni ascender.
La posición del alcalde y gobernador es incierta, entre tradición y llegada de otro club.
POR: EL POLIDEPORTIVO
Cartagena de Indias, D.T. y C. 08.54 am.
Explicar por qué Real Cartagena quedó eliminado resulta, tras muchos años, lo más complejo. El equipo lo tenía todo: jugadores de experiencia, recursos económicos, infraestructura, afición fiel, estadio, hotelería y turismo. Sin embargo, no funcionó. No supieron usar la plata, no fueron competitivos y no explotaron la riqueza de la ciudad para el equipo profesional. La frustración de la afición es evidente, pues el club parecía tener las condiciones para dar el salto definitivo y consolidarse en la primera división, pero la realidad mostró un proyecto sin cohesión y sin resultados.
Carlos Hernández llega a comandar al Real Cartagena
La institución decidió dar un giro con la llegada de Carlos Hernández Uribe como nuevo director técnico, acompañado por Mauricio Martínez como asistente. La dupla aterriza con credenciales sólidas: en Jaguares, Hernández sumó 29 triunfos en 46 partidos, alcanzando un 70% de rendimiento. Este historial genera confianza en la afición y en la dirigencia, que ven en su liderazgo la oportunidad de encaminar al club hacia el ascenso en 2026.
La familia cartagenera recibe la noticia con ilusión, mientras que la administración del club subraya que la apuesta no es solo deportiva, sino también institucional: consolidar un proyecto que devuelva al equipo su lugar en la élite del fútbol colombiano. La llegada del nuevo cuerpo técnico se interpreta como un paso firme hacia la construcción de un Real Cartagena competitivo, disciplinado y con identidad clara.
Fredy Montero se queda y se mueven las fichas

La continuidad de Fredy Montero representa un eje de estabilidad dentro del proyecto. Su experiencia internacional y capacidad goleadora aportan confianza, liderazgo y equilibrio a la plantilla. Para la afición, su permanencia es símbolo de compromiso y memoria: un jugador que encarna la mezcla entre veteranía y ambición.
En paralelo, se anuncian salidas y llegadas de nuevos jugadores, reflejo de la dinámica propia de un club que busca reinventarse sin perder identidad. La salida de algunos referentes genera nostalgia, pero también abre espacio para incorporaciones que aporten frescura y competitividad. La dirigencia enfatiza que cada decisión responde a un plan estratégico, pensado en fortalecer todas las líneas del equipo. La afición, exigente y apasionada, observa con expectativa cómo se reconfigura la nómina, consciente de que el equilibrio entre experiencia y juventud será determinante para alcanzar los objetivos trazados.
La posición del alcalde Turbay y la gobernadora Arana

En medio de este panorama, surge la posible llegada de otro equipo de la Liga a Cartagena. La noticia despierta debate entre aficionados, familias y directivos. Por un lado, se reconoce que la presencia de otro club podría dinamizar la competencia y atraer inversión; por otro, se teme que diluya el protagonismo histórico de Real Cartagena como estandarte de la ciudad.
La posición del alcalde Dumek Turbay Paz y de la gobernadora Yamila Arana no ha sido clara: no existe un pronunciamiento firme que defina respaldo o rechazo. Esta ausencia de postura genera incertidumbre, tanto en la afición como en la administración del club, que esperan señales concretas de apoyo institucional.
La falta de claridad política se interpreta como un vacío que debe llenarse con compromiso real hacia el equipo que representa a la región. En este contexto, la afición exige transparencia y acompañamiento, mientras que la dirigencia insiste en que cualquier proyecto externo debe respetar la historia y la identidad cartagenera. La decisión de los mandatarios será inevitablemente cuestionada en escenarios distritales y frente al mandatario actual, pues se trata de un tema que toca fibras de identidad y orgullo colectivo.
El reto es mayúsculo: lograr el ascenso en 2026 implica victorias deportivas, pero también articulación institucional y respaldo político. Real Cartagena necesita que todos los actores —técnicos, jugadores, directivos, familias, autoridades y aficionados— confluyan en un mismo propósito: consolidar un legado que trascienda generaciones y reafirme al club como protagonista indiscutible del fútbol costeño.
Y en medio de esta tensión, aparece la voz de quienes sueñan con ver al Jaime Morón León, el Hijo del Sol, convertido nuevamente en escenario de primera categoría, con partidos que devuelvan a Cartagena la luz de su tradición futbolera.