Foto: cortesía RR.SS
El desplome del puente en Bagadó expuso negligencias graves, dejando heridos y cuestionando la responsabilidad institucional.
La comunidad exige respuestas inmediatas tras el colapso, señalando fallas estructurales y posibles actos de corrupción.
POR: REDACCIÓN EL PÓLIDEPORTIVO
Cartagena de indias, D.T. y C. -12:33 am-.
El domingo 19 de abril de 2026, el municipio de Bagadó, Chocó, fue escenario de un hecho alarmante: el puente colgante sobre el río Churina, recién inaugurado, colapsó segundos después de su entrega oficial. La estructura, que conectaba el casco urbano con el cementerio San Marino, cedió ante el peso de los asistentes, provocando momentos de pánico y dejando varios heridos.
El desplome ocurrió en presencia de funcionarios locales y miembros de la comunidad, quienes celebraban la inauguración de la obra. Según reportes iniciales, al menos tres personas resultaron lesionadas y fueron trasladadas a centros asistenciales, mientras otras sufrieron heridas menores. Afortunadamente, no se registraron víctimas mortales.
La obra, de 86 metros de extensión, había sido presentada como un avance clave para la conectividad del municipio. Sin embargo, el colapso puso en evidencia graves dudas sobre la calidad de los materiales, el diseño de la estructura y la supervisión del proyecto. Autoridades locales iniciaron investigaciones para determinar si la causa fue una falla estructural, sobrepeso o negligencia en la construcción.
El desplome del puente refleja corrupción, negligencia y falta de control en proyectos públicos.
La alcaldía de Bagadó anunció que solicitará explicaciones al contratista ING CONSTRUCTORES S.A.S., responsable de la obra, y que se presentará denuncia ante la Fiscalía para esclarecer responsabilidades. La comunidad, indignada, exige transparencia y sanciones ejemplares contra quienes resulten culpables.
El impacto del colapso es profundo: más allá de los heridos, la confianza en las instituciones y en los proyectos de infraestructura ha quedado gravemente afectada. El puente, que debía ser símbolo de progreso, se convirtió en evidencia de la fragilidad institucional y de la urgencia de controles más estrictos.