Foto: Revista Pacto
Entre 2008 y 2019 presentó 109 denuncias contra periodistas sin sustento probatorio
La mayoría fueron archivadas por la Fiscalía, reveló la FLIP tras orden judicial
POR: EL POLIDEPORTICO / EL RECOMENDADO
Este es EL RECOMENDADO de hoy: la columna de Revista Pacto que desnuda la estrategia de acoso judicial del candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella.
No se trata de una racha de mala suerte judicial. Es un patrón sistemático de hostigamiento. La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) reveló que entre 2008 y 2019 De la Espriella interpuso 109 denuncias por injuria y calumnia contra periodistas y medios. La mayoría fueron archivadas por falta de pruebas. La Corte Constitucional obligó a la Fiscalía a entregar la información, calificando de “desproporcionada e ilegítima” la negativa inicial.
El método es claro: demandar para silenciar. No busca ganar juicios ni obtener rectificaciones. Busca el desgaste económico y emocional. En una entrevista con Carlos Alonso Lucio, confesó su fórmula: “Yo suelo aplicar las siete plagas de Egipto, entonces yo caigo con todo… penalmente, tutela y acción civil”. Su objetivo: obligar a los periodistas a gastar dinero en defensa legal, hasta desangrarlos.
El abogado usa demandas como arma de censura sistemática
El caso de Jonathan Bock, exdirector de la FLIP, lo demuestra. Tras una columna en Semana titulada Better Call Abelardo, De la Espriella lo denunció. En la audiencia de conciliación no pidió rectificación de datos falsos, solo exigió una columna de perdón. Incluso empujó a su propio abogado en plena diligencia. El proceso terminó archivado.
Ignacio Gómez, director de Noticias Uno, también fue víctima. Tras revelar presuntas dilaciones en un caso del exmagistrado Jorge Pretelt, De la Espriella lo demandó civilmente por 17.5 millones de pesos. El juzgado aceptó la demanda e incluyó bienes como medida cautelar, pero dos de los inmuebles señalados no eran de Gómez, sino de homónimos. El error no le costó nada.
El patrón es inequívoco: no busca justicia, busca intimidar. Convertir el miedo a la ruina en censura. Una abogada de su firma lo admitió: “No tenemos pruebas para derrotarlos en juicio”. La intención era otra: desangrar.
La conclusión es brutal. No estamos ante un candidato presidencial. Estamos ante un depredador de la libertad de prensa.
El candidato usa demandas absurdas para intimidar y censurar periodistas incómodos.