Foto: RR. SS. @ZuritaCarpio
La humillación deportiva expuso las trampas políticas que mancharon la competencia mundial.
Colombia festeja la caída de Estados Unidos, símbolo de fraude y manipulación política.
POR: REDACCIÓN EL POLIDEPORTIVO
Cartagena e Indias, D.T. y C. -09:55 pm.
La eliminación de Estados Unidos frente a Bélgica no fue solo un resultado deportivo, fue un terremoto político y futbolístico. El 4-1 que los belgas le endosaron a los norteamericanos dejó al descubierto un entramado de fraude y manipulación que aún retumba en la memoria de millones de colombianos.
“Más de 12.7 millones de aficionados en Colombia celebraron la derrota de los “mafiosos” de Estados Unidos con la FIFA y la presidencia , ” acusó un aficionado, señalados por habilitar irregularmente a Folarin Balogun con la ayuda directa del presidente Donald Trump. El caso no se limita al césped: muchos recuerdan cómo Washington metió la mano en las elecciones colombianas, Newlin invirtió 1.8 millones de dólares, desviados hacia la campaña de Abelardo de la Espriella.
Bélgica goleó 4-1, Estados Unidos cayó humillado y Tillman apenas descontó.
Bélgica firmó una victoria contundente 4-1 sobre Estados Unidos, en un partido que dejó claro quién mandó en la cancha. Charles De Ketelaere fue la gran figura: abrió el marcador al minuto 31 tras asistencia de N. Raskin, repitió al 33 con pase de Malik Tillman y completó su triplete al 57 gracias a L. Trossard. Hans Vanaken cerró la cuenta en el 90+3 tras combinación con De Ketelaere. Tillman descontó para los norteamericanos con un gol de tiro libre, apenas un consuelo en medio de la humillación. La goleada belga expuso debilidades y resonó con morbo futbolístico.
El fútbol se convirtió en arma política y Bélgica lo expuso sin piedad.
La goleada belga fue un castigo deportivo y un recordatorio político. No es bueno que la política se meta en el fútbol, pero esta vez el fútbol se metió en la política de Estados Unidos y Colombia. La humillación de Tillman y compañía refleja más que un mal partido: es la caída de un proyecto que mezcló poder, dinero y manipulación.
El morbo se multiplicó en Colombia: cada gol belga fue celebrado como un ajuste de cuentas contra un país acusado de intervenir en procesos democráticos ajenos. La derrota de Estados Unidos no solo significó su eliminación del Mundial, sino también la exposición pública de un sistema que intentó disfrazar la política con camisetas y balones.
Mañana juega Colombia contra Suiza, y aunque deberíamos estar unidos, algunos jugadores han mostrado actitudes desconcertantes con la afición, permitiendo la politización de la selección. Aun así, el deseo es claro: un triunfo que devuelva la alegría y que mantenga al fútbol lejos de las manos sucias de la política. La lección de Bélgica es contundente: cuando el balón rueda, las mentiras se derrumban.