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Detrás de uno de los clásicos del vallenato hay una historia de ilusiones, silencios y un amor imposible que Adolfo Pacheco convirtió en inmortal.
La historia sentimental de Adolfo Pacheco que convirtió un mochuelo en vallenato eterno
POR: EL POLIDEPORTIVO
Por: 𝐄𝐦𝐢𝐥𝐢𝐨 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐘𝐚𝐧𝐜𝐞
Cartagena de Indias, D.T. y C. -07:55 pm.
Hay hombres que enamoran con flores, otros con serenatas y algunos con cartas perfumadas. Adolfo Pacheco Anillo quiso conquistar a la mujer que le robaba el sueño con un mochuelo. Sí, con un pequeño pájaro de ojos redondos que un amigo atrapó en las montañas de María y que terminó volando mucho más lejos de lo que cualquiera hubiera imaginado. No conquistó el corazón de Mercedes, pero sí encontró un lugar eterno en la música vallenata.
Cada vez que el maestro recordaba aquella historia, se le iluminaba el rostro. Era como si el tiempo retrocediera hasta aquel enero de 1962 cuando el amor todavía caminaba despacio y los detalles valían más que cualquier promesa. Bastaba preguntarle por ‘El mochuelo’ para que apareciera el profesor, el poeta y el contador de historias que llevaba por dentro.
Adolfo Pacheco transformó su desencanto amoroso en versos que nunca dejaron de sonar
Sentado una mañana frente al río Magdalena, en Barrancabermeja, mientras sostenía un tinto entre las manos, comenzó a desempolvar los recuerdos. Contó que todo empezó gracias a José Elías Anillo, conocido en San Jacinto como “Joche Pulga”, un hombre con fama de buen cazador en los Montes de María. A él le había encargado conseguir un mochuelo porque quería regalárselo a Mercedes Arrieta Leones, la compañera de trabajo que le aceleraba el corazón.
Joche nunca le cobró un peso. Simplemente le entregó el ave como quien entrega un favor entre amigos. Adolfo tomó la jaula convencido de que aquel regalo abriría las puertas del amor. Mercedes adoraba los pajaritos y él creyó que ese detalle bastaría para conquistarla. A veces el corazón se aferra a esas pequeñas esperanzas que solo entiende quien está enamorado.

Pero la vida tenía escrito otro libreto. Mercedes recibió el regalo, aunque el romance jamás encontró el destino que Adolfo soñaba. En lugar de una historia de amor, nació una canción. Porque cuando los sentimientos no encuentran espacio en la realidad, muchas veces terminan refugiándose entre versos y acordes.
Así nació ‘El mochuelo’, una obra que primero pasó casi inadvertida cuando la grabó junto al acordeonero Humberto Montes. El éxito tardó varios años en llegar. Fue Rafael Ricardo quien insistió en rescatar aquella composición para interpretarla junto a Otto Serge. Incluso dentro de la casa disquera hubo quienes aseguraban que aquella canción no tenía futuro. La consideraban demasiado sencilla. Se equivocaron rotundamente.
Antes de grabarla definitivamente ocurrió un detalle que pocos conocen. Rafael Ricardo le comentó a Adolfo que la canción estaba muy corta y que necesitaba otra estrofa. El compositor no puso objeciones. Sacó papel y lápiz, dejó que el sentimiento hablara y escribió nuevos versos donde terminó confesando que él también era un mochuelo preso por el amor de su negra querida. Aquella decisión convirtió la canción en la versión que todavía hoy sigue sonando.
Detrás de cada palabra estaba escondida su propia historia. Mientras el pequeño pájaro perdía la libertad dentro de una jaula para alegrar la vida de Mercedes, Adolfo sentía que también había quedado encerrado entre los barrotes invisibles del amor. El ave era apenas una excusa. En realidad, quien estaba cantando era un hombre profundamente enamorado.
