ESPERÓ DURANTE AÑOS UNA SILLA DE RUEDAS; LA SOLIDARIDAD CAMBIÓ SU HISTORIA

Foto: cortesía EG
  • Un abrazo sincero entre policías y ciudadano devolvió esperanza en Arroyohondo, Bolívar**

  • La silla de ruedas donada permitirá a Gustavo seguir trabajando con dignidad y esfuerzo**

POR: EL POLIDEPORTIVO /CRÓNICA 

DE: EMILIO GUTIÉRREZ YANCE
Hay ayudas que llegan haciendo más ruido en el corazón que en la calle. En el barrio La Victoria, de Arroyohondo, una sencilla silla de ruedas terminó convirtiéndose en el regalo más grande que había recibido don Gustavo Rafael Arrieta Martínez en muchos años. Cuando la patrulla se detuvo frente a su humilde vivienda, construida entre láminas de zinc, paredes de material y unas viejas rejas de madera que el tiempo ha ido desgastando, nadie imaginó que detrás de aquella visita había una historia capaz de arrancar lágrimas y sonrisas al mismo tiempo.
Don Gustavo tiene 74 años y el rostro curtido de quien ha trabajado toda la vida. En su juventud fue banderillero en las corralejas, oficio en el que aprendió que el miedo se vence caminándole de frente. Más tarde cambió el ruedo por el volante y durante muchos años condujo el bus que transportaba a los estudiantes desde Arroyohondo hacia los corregimientos vecinos. Todavía hay adultos que recuerdan al hombre que cada madrugada los esperaba con una sonrisa para llevarlos puntuales al colegio.
Pero la vida, que nunca avisa cuándo piensa cambiar los planes, le atravesó un accidente en el camino. Una lesión en una pierna, que con el tiempo no recibió el tratamiento adecuado, terminó convirtiéndose en una gangrena. Cuando volvió al hospital, los médicos fueron contundentes: había que amputarle la pierna para evitar que la infección siguiera avanzando. Desde entonces, hace unos quince años, aprendió a vivir desde una silla de ruedas, aunque jamás permitió que la discapacidad le robara las ganas de salir adelante.
Desde ese día, cada amanecer ha sido una nueva batalla. Junto a su esposa empuja una carretilla cargada de mangos cuando las fiestas patronales llegan a los pueblos vecinos. Cuando no hay celebraciones, compran yuca para venderla casa por casa. Hay días en los que regresan con apenas veinte mil pesos en los bolsillos; si la jornada resulta buena, logran reunir treinta mil. Con eso compran la comida, pagan los pequeños gastos de la casa y vuelven a empezar al día siguiente. Nunca han tenido mucho, pero tampoco han perdido la dignidad de vivir del trabajo honrado.
En medio de tantas necesidades, don Gustavo también aprendió a esperar. Más de una vez vio llegar políticos en tiempos de campaña. Algunos estrecharon su mano, escucharon su historia, prometieron ayudarle a conseguir una silla de ruedas nueva y siguieron su camino. Después de las elecciones nadie volvió. Las promesas quedaron flotando en el aire, como tantas otras que el tiempo termina llevándose. Él siguió esperando, aunque por dentro ya casi no creía que alguien fuera a cumplirle.
Policías de Arroyohondo entregan ayuda solidaria que transforma la vida de un ciudadano.
Policías de Arroyohondo entregan ayuda solidaria que transforma la vida de un ciudadano.
La diferencia llegó el día en que los policías de la Estación de Arroyohondo tocaron la puerta de su casa. Durante una visita comunitaria conocieron su historia y entendieron que aquel hombre no necesitaba lástima, sino una oportunidad para seguir trabajando. El comandante de la estación, subintendente Fabio Andrés Blanco Franco, decidió iniciar una gestión junto con los demás uniformados. Poco a poco fueron sumando voluntades hasta que, gracias a contactos de una integrante de la estación y al apoyo de personas del departamento del Cesar, consiguieron la donación de la silla de ruedas.
Cuando el vehículo policial llegó con la ayuda, don Gustavo permaneció unos segundos en silencio. Miró la silla como quien observa un sueño que por fin dejó de ser imposible. La tocó con cuidado, respiró profundo y, antes de decir una sola palabra, se levantó como pudo para abrazar al subintendente Fabio Andrés. Fue un abrazo largo, sincero, de esos que no necesitan discursos porque hablan por sí solos. Los ojos se le aguaron y los de varios uniformados también.
“Yo pensé que esa ayuda nunca iba a llegar. Muchos me prometieron una silla y todo quedó en palabras. Hoy ustedes me demostraron que todavía existen personas que cumplen. Esta silla me va a servir para seguir trabajando, para seguir vendiendo mis mangos y ayudando a mi esposa. Dios los bendiga porque esto no se me va a olvidar nunca”, expresó don Gustavo mientras acariciaba la silla que, desde ese instante, se convirtió en su nueva compañera de camino.
El coronel Diego Fernando Pinzón Poveda, comandante del Departamento de Policía Bolívar, destacó que estos gestos reflejan el verdadero significado del servicio policial. “Nuestro compromiso no termina en garantizar la seguridad. También consiste en acercarnos a la comunidad, escuchar sus necesidades y actuar con solidaridad. Cada acción que transforme positivamente la vida de un ciudadano reafirma el propósito de una Policía cercana, humana y comprometida con quienes más lo necesitan”, señaló.
Aquella tarde no hubo aplausos ni tarimas. Solo una familia profundamente agradecida, unos policías felices por haber cumplido una promesa y un hombre que volvió a sentir que todavía puede recorrer las calles de Arroyohondo con la frente en alto. Porque la vida de don Gustavo siempre ha sido así: caer, levantarse y volver a empezar. Ahora lo hará sobre una silla nueva, con la misma voluntad que lo acompañó cuando fue banderillero, conductor y vendedor ambulante. Al final, entendió que la esperanza sí existe… solo que, a veces, llega vestida de uniforme y empujando cuatro ruedas.

**Agregado de El Polideportivo

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