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POR: EL POLIDEPORTIVO// GUSTAVO GONZALEZ
Cartagena de Indias, D.T. y C. 08:12 am.

El ser humano es por naturaleza competitivo, el deporte ha estado ligado al desarrollo de la humanidad. En su afán por ganar las competencias el hombre utiliza “ayudas” que le permitan incrementar su rendimiento y vencer a su oponente. Estas ayudas van desde sustancias naturales hasta sintéticas desarrolladas en modernos laboratorios farmacéuticos.
El dopaje puede ser definido como el uso o administración de una sustancia extraña al cuerpo humano con el fin de conseguir un mayor rendimiento en una competencia.
Desde los principios de la humanidad se acudió a plantas como la coca para aumentar la fuerza y la resistencia al cansancio. En la antigüedad se tenía como norma por parte de los atletas que estos manejaban su alimentación de acuerdo con el deporte que practicaban, esto es: los saltadores comían carne de cabra, lanzadores y boxeadores carne de toro, pero siempre utilizando complementos alimenticios.
Si bien no se ha establecido la medida precisa o la proporción de éxito del uso del dopaje en el rendimiento deportivo, lo que si se ha detectado es el alto precio para la salud de quienes usan estas sustancias; así mismo, las autoridades deportivas han ido desarrollando estrategias para detectarlas y prohibirlas, propiciando el desarrollo del “juego limpio”.
La práctica del deporte en la elite mundial ha hecho que la sociedad históricamente tenga “ídolos”, el ambiente presiona a los deportistas para que desborden sus capacidades en busca de ese reconocimiento, logro o premio; para algunos no alcanzar ese objetivo los llevaría a sentirse como “un deportista más”.
Un protagonista crucial en esta problemática es la medicina, primero facilitando el dopaje químico en dos fases: la primera alrededor del siglo XIX con tratamientos de dopaje llevados a cabo por factores puros como la cocaína, a heroína, la cafeína, y el alcohol a causa de que proporcionaban resultados inmediatos a corto plazo en el rendimiento deportivo tenían que consumirse en momentos claves de la competencia para no desaprovechar su corta duración.
En la segunda fase los productos tienen una naturaleza más compleja con efectos más prolongados en el tiempo aumentando también sus riesgos, cambiando su forma de implementación de individual a sistemático, de manera controlada por médicos y especialistas, por lo que este período puede reconocerse como “Dopaje químico sistematizado” con sustancias como las anfetaminas, los anabolizantes y el dopaje sanguíneo (Dimeo, 2007, citado en Triviño, 2015).Fue en este momento que apareció el término que se conoce en la actualidad “doping”.
Un reciente estudio de la WADA (World Antidoping Agency), recopilado de las distintas autoridades nacionales que aplican pruebas antidopaje en competencias oficiales del año 2021 arrojó la alarmante cifra de 11,2% de muestras adversas, es decir el 11% de deportistas elite ese año usó sustancias prohibidas para incrementar su rendimiento deportivo.
Actualmente, por razones de ética y de salud, el uso de estas sustancias es prohibido en todo competencia nacional o internacional y tiene fuertes sanciones, inclusive pueden apartar de por vida a un deportista de la practica oficial. Existe una lista de “sustancias aprobadas” y una de “no aprobadas”. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha instado al Comité Olímpico Internacional a que a través de sus Federaciones adelante programas para mitigar el impacto de este flagelo.
Un capítulo aparte merece la sanción moral que están mereciendo los atletas que infringen la línea de la legalidad en busca de la gloria son considerados “tramposos”, ¿pero solo tiene la culpa el deportista? ¿No la tiene también la sociedad que presiona para tener “Ídolos”? esa búsqueda desmedida del éxito social y económico, ser alagado y admirado por los demás rompe en muchos casos los esquemas de la legalidad y entran indebidamente en el plano donde “todo vale” para ganar.