Imagen: El Polideportivo
Una reflexión sobre el servilismo mediático, el desprecio de las élites y el pueblo anestesiado.
POR: REDACCIÓN – ANÓNIMO
Cartagena de Indias, D.T. y C. 09:55 am
Recomendado de El Polideportivo
Prólogo Este texto anónimo circula como un grito incómodo. No busca consenso ni consuelo. Lo publicamos por su fuerza narrativa, por su tensión política, y porque incomoda. No sabemos quién lo escribió, pero sabemos por qué arde.

Nunca volverá
Por falta de tiempo —porque estoy terminando mi novela sobre el estallido social, que si Dios quiere verá la luz en octubre— había dejado pasar una reflexión que hoy me quema en las entrañas y que tiene una vigencia sin igual dada la noticia que reveló la prensa: la viuda de Miguel Turbay Uribe jamás volverá a Colombia.
Una imagen me persigue desde aquel velorio televisado. Una escena que casi nadie comentó. Una que desnuda, sin la menor duda, lo que la maldita oligarquía colombiana piensa del pueblo: nos desprecian, nos odian con un odio profundo, milenario, que corre por su sangre como veneno. Les damos asco. Si por alguna razón nos les acercamos, se vomitan literalmente.
Durante la convalecencia de Miguel Turbay, los medios arrodillaron psicológica y moralmente al pueblo colombiano. Nos hicieron cargar el peso de un muerto que no era nuestro, que jamás estuvo de nuestro lado. Y como un rebaño anestesiado, muchos cayeron en la trampa. Se condolieron, lloraron, oraron por alguien que nunca derramó una lágrima por ustedes.
Y llegaron al extremo del servilismo. Se fueron a la Catedral Primada de Bogotá a “consolar” a los verdugos. ¿Y qué recibieron a cambio? Una respuesta brutal, implacable, que dejó al desnudo el asco que esa clase siente por usted, por mí, por su madre, por sus hijos, hasta por su perro.
Yo los conozco. He estado en sus clubes. Sé cómo nos miran, cómo nos huelen, cómo nos tocan… Nos odian con una pasión indescriptible. Nos desprecian con una saña que hiela la sangre. Viven para hacernos daño porque, en su imaginario, el pueblo no existe: estorba, molesta, interrumpe. Y si alguna vez nos lloran, es por cálculo, no por compasión.
Por eso ella no vuelve. Porque no necesita volver. Porque este país, para ellos, es solo un escenario de poder, no de afectos. Y porque nosotros, los que aún creemos en la dignidad, debemos aprender a no mendigar lágrimas donde solo hay desprecio.
🔴 Subrayado editorial por El Polideportivo
- “Nos hicieron cargar el peso de un muerto que no era nuestro.”
- “Una respuesta brutal, implacable, que dejó al desnudo el asco que esa clase siente por usted.”
- “Nos odian con una pasión indescriptible.”
- “Debemos aprender a no mendigar lágrimas donde solo hay desprecio.”
PD: cuando encontremos o aparezca el autor, le daremos el crédito respectivo