Foto: prensa FCF.
POR: ESTEBAN JARAMILLO OSORIO
Cartagena de Indias, D.T. y C. 12:39 a.m.
En La Paz, no es fácil para un equipo o una selección, encontrar su futbol.
Allí, no se juega, se lucha para sobrevivir, con la perspectiva de ganar mediante arrebatos individuales, o situaciones no premeditadas, como el gol de Martínez, que salió de la nada. Una prueba más del futbol, como arte de lo imprevisto.
Parecido al tercero ante Perú en Copa América, con saque de portería como pase inicial, y otros protagonistas, Camilo Vargas y Luis y Díaz. El Guajiro quedó en deuda ante Bolivia. Las figuras están obligadas a reafirmarse fecha a fecha.
En la altura, no hay fórmula mágica para evitar el sufrimiento. Por eso la valoración justa, por el esfuerzo y el empate, frente a las dificultades conocidas.
Imposible, entonces, evitar los riesgos, dominar desde el medio, o pedir juego fluido con secuencias de toque, con amplitud y profundidad para definir el equipo y ganar el partido.
Todo, en La Paz, pesa una tonelada. He visto desmayos de futbolistas y periodistas. El deportista rápido, trota; el trotón, camina; las pausas son constantes y el juego al filo del reglamento, con las faltas premeditadas como recurso, para romper el ritmo, son la receta predilecta para enfrentar el ahogo.
Retroceder sin rendirse.
Poco hubo de Quintero, cuando se necesitaban pases largos, profundos, punzantes, en el primer tiempo. No se ve futbolero…se ve reguetonero. Pero indiscutible es su talento.
Quiero ser sincero. Tantas veces me cuesta: con James en la cancha, las cosas pueden ser distintas.
Algo se vio en Cuadrado, sin incidencia en el futbol, revoloteando sin posición definida. Andrade, fue oportuno relevo. Entró en el segundo tiempo cuando la prioridad no era correr, sino pensar. El partido mental.
Ya el respaldo físico no daba. Mateus a propósito no podía con el alma.
Mucho hubo de Barrios corrigiendo errores de sus compañeros, pero poco acierto tuvo con la pelota. Estuvo en la acción del gol en contra.
Frágil se vio la defensa.
Falcao entró y sin tocar el balón y sin levantar la voz, marcó territorio, cuando los ánimos se caldeaban al final del partido. No sé por qué, recordé la tanda de penaltis ante el argentino Martínez en la reciente copa en Brasil.
Esteban J.
