Foto: Patrullero Emilio Yance
POR: EL POLIDEPORTIVO // LA CRÓNICA DEL PATRULLERO
Por: Emilio Gutiérrez Yance
Cartagena de Indias, D.T. y C. 06:57 am.
Para su esposa Maryuris Rodríguez Miranda tener que levantar sola a sus tres hijos no ha sido tarea fácil, pero fue el compromiso que hizo con el hombre que hasta el último minuto de su vida le dijo que los amaba y quería lo mejor para ellos.
El destino lo tenía marcado, y ese 7 de julio de 2022, José Gregorio Peña Antequera, un efectivo policial adscrito al Gaula, tenía la misión junto con otro compañero de recoger a unos capturados en El Carmen de Bolívar.
En horas de la tarde emprendieron el camino desde Cartagena de Indias y la mala hora llegó. Al parecer, el estallido de una llanta del vehículo que conducía lo sacó de la vía y al volcarse sufrió múltiples fracturas. “Quedó con signos vitales, pero muy mal herido”, relata uno de los compañeros.
Peña Antequera, tenía muchas razones para luchar por su vida, sus tres hijos y su esposa Maryuris, eran su mayor motivación; quería darles una buena vida; pensando en ellos, se hizo y se mantuvo como Policía, ya cumplía 13 años de servicio de total entrega, dedicación y responsabilidad.
El día del accidente, antes de salir de casa abrazó a su pequeño hijo de tan solo dos años y éste como si presintiera que no lo vería más, lo abrazó con fuerzas y lloraba para que su padre no se fuera. Pero el deber lo llamaba, lo tomó en sus brazos y le dijo a su compañera de toda la vida que lo acompañara hasta la esquina.
“Yo lo llamé al mediodía y le pregunté si venía a almorzar, me dijo que no podía porque estaba disponible y tenía que ir al Carmen de Bolívar. Antes de las dos de la tarde le hice una videollamada para que viera al niño, estaba feliz viendo a su pequeño hijo”, cuenta Maryuris.
Con voz entrecortada, relató que como a las seis de la tarde recibió una llamada del hospital San Juan Nepomuceno, con la noticia de que su esposo estaba en urgencias y que iba a ser trasladado a una clínica de Cartagena. “me dijeron que no me preocupara que no era tan grave”.
La sorpresa al verlo fue mayúscula, estaba muy mal herido, tenía el cuero cabelludo a la mitad de la cabeza y fracturas por todas partes. “yo solté el llanto, el me miró y pese a todo ese intenso dolor que sentía, me dijo que haces aquí donde dejaste al niño”.
