Respuesta de Próspero Carbonell a Efraín Cepeda…”rancia aristocracia política que usted representa”

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  • Comparar el costo de una consulta con el presupuesto de los ministerios del Deporte y Ciencia no solo es una falacia populista —de las que tanto disfrutan para posar de sensatos.

POR: EL POLIDEPORTIVO

Cartagena de Indias, D.T. y C.09:04 p.m.

Escribe Alfonso Luna en Proclama del Pacífico, y que tomo para EL RECOMENDADO DE HOY, el artículo de Alfonso Coronel, para la publicación,  “Desconozco la identidad de Próspero Carbonell, pero una notificación suya, reproducida en Facebook y dirigida al presidente del Congreso, senador Efraín Cepeda, resuena con una fuerza inusitada.

No es difícil reconocer en sus palabras el sentir de muchos colombianos. Su texto, nítido, directo y contundente, merece ser rescatado del anonimato y puesto en el centro del debate público”.

Pero en su escrito, Luna agrega que, mientras el presidente del Congreso, que enfrenta una crisis de legitimidad, cuestiona el costo de la consulta popular para negarla, calla sobre 1.31 billones de pesos, que cada año se destinamos para sostener a 296 congresistas que devengan como mínimo de 50 millones de pesos por mes, fuera de que tenemos que gastarles en asesores, viáticos, seguridad, transporte, comunicaciones y oficinas.

El 85 % del presupuesto del Congreso está destinado a gastos de funcionamiento. ¿A qué corresponde ese “funcionamiento”? A sostener una estructura que ha dejado de funcionar para la ciudadanía.

“Ironías de la vida: Los que menos trabajan en Colombia y más ganan son los que deciden por el pueblo que más trabaja y menos gana”: dijo el ciudadano Jaime Beto Delgado

Entonces, la ironía es obscena: quienes legislan sobre austeridad son los mismos corruptos que han convertido el erario público en un botín.

Las democracias fracasan cuando los congresistas creen que el voto que los elige es un cheque en blanco para ignorar las necesidades del electorado.

La clase política que encabeza el senador Cepeda ha vivido durante años bajo la premisa de que el Congreso les pertenece. Esta equivocación sí les va a costar; miremos por qué.

Respuesta de Próspero Carbonell a Efraín Cepeda:

Guarde este día, senador, como el momento en que quedó sellada la sentencia política de una clase dirigente que lleva décadas aferrada al poder como si el país les perteneciera por derecho hereditario. Esta será recordada como la gota que rebosó la copa de los colombianos, el punto de no retorno hacia la renovación democrática que, en las elecciones presidenciales y legislativas de 2026, dejará reducida a una exigua y vergonzosa minoría a esa rancia aristocracia política que usted representa.

Puede que aún confíen en que la maquinaria electoral —engrasada con puestos, contratos y promesas huecas— logre lo que ya no consigue la razón: frenar la debacle moral e histórica de su partido. Pero no, senador. Esta vez, ni la más inmunda de las clientelas electorales alcanzará para blindarlos del juicio ciudadano.

Decir que la democracia es costosa no es una novedad. Churchill, con todo su cinismo británico, afirmaba que era el peor sistema de gobierno… exceptuando a todos los demás. Y sí, la democracia cuesta, especialmente en países como el nuestro, donde si las diferencias no se tramitan por vías democráticas, terminan en el campo minado de la violencia, del cual venimos y al cual podríamos regresar si seguimos escuchando mezquindades como la suya.

Lo que usted llama «dilapidar» 750 mil millones, es en realidad invertir en el derecho del pueblo a pronunciarse directamente, a decidir sobre asuntos que el Congreso, cooptado por intereses como los suyos, jamás tramitaría con verdadera transparencia.

Comparar el costo de una consulta con el presupuesto de los ministerios del Deporte y Ciencia no solo es una falacia populista —de las que tanto disfrutan para posar de sensatos mientras recortan derechos— sino también una confesión brutal: para ustedes, la voz del pueblo vale menos que una grama sintética o un dron de vigilancia con sobreprecio.

Su mezquindad, senador, ha quedado expuesta. Y no será la primera vez, pero sí podría ser la última que se la toleren. Ese rebaño que durante años llevaron a votar como si fuera ganado rumbo al matadero, está despertando. Y cuando despierte del todo, no habrá publicidad institucional, ni tamal, ni transporte, ni fórmulas recicladas con apellidos ilustres que les eviten la derrota.

Nos vemos en 2026. Lleven paraguas. Se avecina tormenta.

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