Imagen: El Polideportivo
Lepra el sábado o festeja el Canalla?
Este sábado se juega el clásico rosarino. La Lepra y el Canalla no son solo apodos: son historia, identidad y pasión.
En Rosario, el fútbol no se explica, se vive. 🟥⚔️🟨 Hoy Argentina no es solo River y Boca.
POR: REDACCIÓN EL POLIDEPORTIVO
Cartagena de Indias, D.T. y C.
En Rosario, hablar de fútbol es hablar de pasión, historia y rivalidad. Dos clubes dividen la ciudad: Newell’s Old Boys, conocido como La Lepra, y Rosario Central, apodado El Canalla. Estos nombres no son simples etiquetas; son símbolos que definen la identidad de cada hinchada y alimentan uno de los clásicos más intensos del fútbol argentino.
El origen de los apodos se remonta a la década de 1920. Newell’s aceptó jugar un partido benéfico a favor del Patronato de Leprosos, una institución que atendía a personas con lepra. El gesto solidario fue reconocido por la prensa local, que bautizó al club como “los leprosos”. Rosario Central, por su parte, se negó a participar en ese evento, lo que llevó a los hinchas de Newell’s a llamarlos “canallas”, en tono de burla. Con el tiempo, ambos apodos fueron adoptados con orgullo por sus respectivas parcialidades.
El Clásico Rosarino no es solo un partido. Es una batalla simbólica que paraliza la ciudad. Las calles se tiñen de rojo y negro por un lado, y de azul y amarillo por el otro. Las familias se dividen, los amigos se enfrentan, y cada gol se grita como si fuera el último. La rivalidad trasciende lo deportivo y se instala en la cultura popular, en las canciones, los murales y hasta en el lenguaje cotidiano.
Para los leprosos, ganarle al Canalla es una cuestión de honor. Para los canallas, vencer a la Lepra es reafirmar su identidad. Cada clásico es una nueva página en una historia que se escribe con pasión, orgullo y memoria.
Hoy Argentina no es solo River y Boca. En Rosario, el fútbol se vive con una intensidad que no tiene nada que envidiarle a los gigantes de Buenos Aires. El clásico rosarino es una muestra de que el alma del fútbol argentino también late fuerte en las provincias, donde los colores no se negocian y la pasión no tiene límites.
En Rosario, ser leproso o canalla no se elige: se nace. Y mientras el fútbol siga siendo el corazón de la ciudad, estos apodos seguirán marcando el pulso de una rivalidad que no conoce tregua.