NO LES DUELE EL PASADO DE PETRO, LES DUELE QUE EL CAMBIO YA ESTÁ EN EL PODER

Foto: RR.SS
  • La democracia habló: el hijo del pueblo llegó sin balas, sin privilegios y sin permiso de los de siempre.
  • Mientras unos construyeron poder con sangre, Petro lo levantó con ideas, resistencia y voto popular.

POR: EL POLIDEPORTIVO

Redacción:  Eberto Salas Osorio

Cartagena de Indias, D.T. y C. 09:12 am.

Concepto u opinión de Eberto Salas, especial para el primer RECOEMNDADO de El Polideportivo.
Qué ironía tan grande la que destilan desde Semana y desde ciertos sectores de poder cuando dicen con “rabia e indignación” que un militante del M-19 sea hoy presidente de Colombia. Esa frase, más que una crítica, es una confesión de miedo. Miedo a que, por primera vez, el poder no esté en manos de los mismos de siempre; miedo a que el país haya decidido darle la oportunidad al hijo del pueblo, al exguerrillero que cambió las armas por las ideas, que eligió la democracia sobre la violencia y que hoy representa la voz de millones que históricamente fueron silenciados.
Gustavo Petro no llegó a la Presidencia por la fuerza ni por imposición: llegó por el voto consciente de un pueblo cansado de la corrupción, de los falsos mesías de la “seguridad democrática”, y de los gobiernos que hicieron del país un negocio familiar. Mientras otros construyeron su poder con sangre, parapolítica y narcotráfico, Petro lo construyó con libros, debates, denuncias y convicción política.
Decir que da “tristeza” que un militante del M-19 sea presidente es desconocer que Colombia firmó la paz hace más de tres décadas y que ese proceso fue precisamente para que los actores de la guerra pudieran transformarse en ciudadanos. Petro representa esa transformación: la victoria de la palabra sobre la bala. En cambio, quienes hoy se indignan son los mismos que aplaudieron a generales criminales, que callaron ante el genocidio de la Unión Patriótica, y que hoy se creen con autoridad moral para hablar de “democracia”.
Lo que les duele no es el pasado de Petro, sino su presente. Les duele verlo en la Casa de Nariño desmontando los privilegios, enfrentando a los poderosos, hablando de justicia social, y recordándoles que el Estado también pertenece al campesino, al indígena, al afrodescendiente, a la mujer trabajadora y al joven sin oportunidades.
Sí, Gustavo Petro fue militante del M-19. Y gracias a su historia, Colombia tiene un presidente que no viene del privilegio, sino de la resistencia. Que no representa a los victimarios, sino a las víctimas. Que no teme al cambio, porque él mismo es el cambio hecho carne.
Así que no, Semana, no da tristeza ni rabia. Da esperanza. Porque por fin gobierna alguien que no tiene las manos manchadas de dinero sucio ni de sangre inocente. Da orgullo que, pese a todo, Colombia haya tenido la madurez democrática de elegir a quien nunca debió ser silenciado por los de siempre.
PD: los subtítulos, fotografía y el subrayado es de El Polideportivo
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