Abelardo, el incoherente ateo creyente que se casó por estupidez y contradicciones políticas brutales

Foto: captura de pantalla
  • Entre gatos voladores y discursos violentos, Abelardo exhibe incoherencias que estremecen la política colombiana
  • Del ateísmo radical al matrimonio religioso, contradicciones que revelan un personaje explosivo y desconcertante

POR: REDACCIÓN EL POLIDEPORTIVO

Cartagena de Indias, D.T. y C. 07:07 am.

Abelardo se ha convertido en el retrato vivo de la incoherencia política y personal. Sus declaraciones, cargadas de contradicciones, muestran un personaje que oscila entre la defensa de la paz y la exaltación de la guerra, entre el rechazo absoluto a la religión y la práctica de rituales que él mismo califica de “estupideces”.
Su relato inicial sobre los animales es alarmante. Contar con ligereza cómo intentó hacer volar un gato con voladores no es una “broma pesada”, es un acto cruel que revela insensibilidad y desprecio por la vida. Ese episodio, narrado como anécdota graciosa, desnuda un trasfondo preocupante en alguien que aspira a liderar un país.
En política, Abelardo se autoproclama “hombre libre” y niega ser “perro de nadie”, pero en la misma frase se declara “más uribista que la propia familia Uribe”. Esa contradicción lo pinta como oportunista, disfrazando dependencia ideológica bajo un falso discurso de independencia.
  • Entre paz negociada y guerra impuesta, Abelardo confunde con discursos incendiarios, ambiguos y contradictorios

Su postura frente al proceso de paz es otro ejemplo de incoherencia. Afirma que “la paz no se negocia, se impone con las armas”, pero luego reconoce que prefiere ver a Timochenko en el Congreso antes que sostener un conflicto interminable. ¿Entonces qué defiende? ¿La imposición militar o la negociación política? Su discurso se derrumba en su propia contradicción.
En lo social, Abelardo se muestra aún más errático. Reconoce que la homosexualidad es una condición innata y defiende que el amor, sea heterosexual u homosexual, es vital para el desarrollo de un niño. Sin embargo, acto seguido asegura que no permitiría la adopción por parejas del mismo sexo. Es decir, admite la evidencia científica pero niega los derechos que de ella se desprenden.
  • Abelardo promete destripar a la izquierda radical, erradicar esa plaga política con violencia verbal

El capítulo religioso es el más escandaloso. Se declara ateo, niega absolutamente la existencia de Dios y asegura que solo cree en lo que la razón explica. Pero luego confiesa haberse casado por la iglesia “por estupidez y tontería”. Abelardo el ateo creyente, atrapado en sus propias contradicciones, se convierte en caricatura de sí mismo.
Finalmente, su lenguaje contra la izquierda radical, a la que llama “plaga” y “cáncer”, lo pinta como un político que predica unión mientras siembra odio. Dice que no genera división, pero promete “destripar” a sus adversarios. Esa violencia verbal lo retrata como un hombre incapaz de construir consensos, más cercano al insulto que a la propuesta.
Abelardo no es coherente. Es un personaje explosivo, contradictorio y peligroso, que oscila entre la burla, el fanatismo y el desprecio.
  • Abelardo, el ateo creyente que se casó por estupidez y contradicción
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Abelardo, incoherente y furioso, promete erradicar la izquierda radical con odio visceral absoluto

Créditos: Al autor del video y a Hernan Muriel @Hernan_murielp
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