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Silencio mediático: ¿por qué callan ante la brutalidad policial?.
Derechos Humanos: no pueden ser selectivos ni depender de la geografía.
POR: REDACCIÓN EL POLIDEPORTIVO
Cartagena de Indias, D.T. y C. 12:34 am.-
En Estados Unidos, un nuevo episodio de brutalidad policial ha sacudido a la opinión pública. Un oficial fue grabado agrediendo violentamente a una mujer, un hecho que ha desatado la indignación de la comunidad. Aunque las causas del incidente aún no se conocen, nada justifica la violencia ejercida por quienes deberían proteger a la ciudadanía. Este caso se suma a una larga lista de abusos que, lamentablemente, se han vuelto frecuentes en el país del norte, donde las violaciones a los derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad parecen multiplicarse sin freno, con la complacencia de un gobierno complice.
La ciudadana agredida, símbolo de la vulnerabilidad frente al poder armado del Estado, se convierte en voz de denuncia. Su pregunta resuena con fuerza: ¿por qué los grandes medios internacionales guardan silencio ante estos hechos condenables? Si esta agresión hubiera ocurrido en Irán, Afganistán o cualquier otro país señalado por Occidente, la cobertura mediática sería inmediata y los titulares clamarían por los derechos de las mujeres. Sin embargo, cuando la violencia proviene de la policía estadounidense, el eco se apaga y la indignación global se diluye.
Este doble rasero en la cobertura mediática no solo invisibiliza el sufrimiento de las víctimas, sino que perpetúa una narrativa hipócrita donde los derechos humanos parecen ser selectivos y geográficamente condicionados. La comunidad internacional debe exigir coherencia: la defensa de la dignidad humana no puede depender de fronteras ni intereses políticos. La agresión contra una mujer en Estados Unidos es tan grave como cualquier otra en cualquier parte del mundo. Callar es complicidad.
La voz de esta ciudadana exige justicia, transparencia y un alto definitivo a la violencia policial. El mundo debe escucharla. La prensa mundial debe romper el silencio. Los derechos humanos no son negociables.