Foto: captura de pantalla
La comunidad denuncia atropellos y exige respeto a sus derechos colectivos históricos.
El abuso de poder amenaza espacios deportivos y sociales construidos por los vecinos.
POR: REDACCIÓN EL POLIDEPORTIVO
Cartagena de Indias, D.T. y C. -11:00 am-.
En Las Palmeras, Cartagena, se libra una batalla que desnuda la crudeza del despojo urbano. La firma Torres Reática, tras cuarenta años de ausencia, pretende encerrar la cancha comunitaria que los vecinos levantaron con esfuerzo propio. Lo que antes fue una piscina abandonada, hoy es un espacio deportivo vital, mantenido por generaciones que nunca recibieron apoyo institucional.
La comunidad denuncia que este intento de encerramiento es un atropello disfrazado de legalidad, respaldado por complicidades judiciales que permiten el robo de tierras. Más de mil personas usan diariamente la cancha: niños en escuelas de fútbol, adultos mayores en rutinas de salud y jóvenes que encuentran allí un refugio frente a la violencia que desangra los barrios.
Comunidad resiste contra el abuso y la indiferencia institucional
La Junta de Acción Comunal advierte que no permitirá el despojo. Señalan que Torres Reática tiene deudas millonarias con el distrito, lo que abre la posibilidad de negociar y cruzar cuentas para que el predio quede definitivamente como espacio público deportivo. Sin embargo, la indiferencia de las autoridades y la complicidad judicial inclinan la balanza hacia el abuso.
Este caso revela cómo la justicia, en lugar de proteger a los más vulnerables, se convierte en herramienta de desalojo. El mensaje es devastador: quienes no tienen poder económico ni político quedan expuestos a perder lo que construyeron con sus manos. La indignación crece porque no se trata solo de un terreno, sino de un símbolo de resistencia comunitaria.
El silencio judicial alimenta el robo de tierras en Cartagena
El conflicto de Las Palmeras no es aislado. En distintas zonas de la ciudad, comunidades enteras ven cómo jueces, notarios y abogados facilitan el despojo de terrenos colectivos. La cancha de Las Palmeras es más que un predio: es memoria, resistencia y vida.
La comunidad exige una mesa de negociación con la administración distrital y llama a la ciudadanía a respaldar la defensa de este espacio. El intento de encerramiento no solo amenaza un terreno, amenaza la dignidad de un pueblo que se niega a ser silenciado. La denuncia es clara: el robo de tierras con complicidad judicial es un crimen contra la historia y contra la juventud que necesita espacios para vivir en paz.
La comunidad enfrenta el robo de tierras con complicidad judicial descarada