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La captura del sicario revela el fracaso estatal y la inseguridad con extorsiones en la casa Char que paraliza el comercio
El tigre Abelardo golpeó con un fraudes, y ahora aplica derogaciones y contra campesinos y comunidades afro.
POR: REDACCIÓN EL POLIDEPORTIVO
Cartagena de Indias, D.T. y C. 09:09 pm.
El asesinato de Leynner Alexander Legarda Omar, comerciante de 35 años en Barranquilla, dentro del centro comercial Fedecafé, refleja la crudeza de un país donde la violencia se normaliza y la extorsión se convierte en mordisco cotidiano contra trabajadores, empresarios, vigilantes, y pequeños empresarios. Los que no se sienten por ahora son los que los mismos que sin pudor y con poder dictatorial aplica el nuevo inquilino de la presidencia.
El ataque, registrado en cámaras de seguridad, mostró a un sicario disparando a quemarropa y repitiendo el ataque cuando la víctima ya estaba en el suelo. Minutos después, la Policía capturó a Jair de Jesús Anaya De la Hoz, alias “El Animal”.
El tigre Abelardo se refugia en su fraude y ahora deroga decretos y emprende mordidas contra la clase marginada.
Cámara de seguridad muestra sicario disparando brutalmente dentro del Fedecafé.
Esta es una amalgama y este crimen no es aislado. Las cifras de homicidios, extorsiones y sicariatos rompen récords en Barranquilla, ya superan las del 2025, es en los que le adjudicaron la responsabilidad al gobierno saliente, y ellos quieren hablar solo del Junior o el Malecón, mientras los únicos que sienten el mordisco del tigre son los obreros, campesinos y comerciantes.
En agosto se han disparado los precios abusivamente, si, son abusivos los abusos contra la canasta familiar, los básicos como papa, ñame, queso, plátano, etc, golpean a la clase trabajadora, mientras los delincuentes parecen saludar a la “casa blanca” del poder. ¿Cual poder? el de USA o Israel.
El tigre, refugiado en su sede presidencial, se protege de antiguos aliados del narcotráfico a quienes estafó. Hoy otorga privilegios a empresarios que lo apoyaron en el gigantesco fraude electoral, mientras el pueblo recibe arañazos, las garras en los primeros días están afiladas contra los populares, los reales nunca: decretos anulados, derechos derogados y tierras arrebatadas.
Las perjudicados serán los nuevos cordones de miseria de las grande ciudades.
Las tierras adjudicadas legalmente a campesinos, afros, indigenas, víctimas de la violencia, y comunidades afro ahora están en riesgo. Sin respaldo institucional, los despojados terminarán en la informalidad urbana o reclutados por grupos armados como el Clan del Golfo, los Pachenca, las FARC o el ELN, etc.
Este asesinato en Barranquilla es más que un crimen: es símbolo de un sistema que protege delincuentes en el gabinete ministerial, embajadas y castiga trabajadores. El pueblo, marginado y traicionado, enfrenta el mordisco del tigre que gobierna con violencia y fraude, dejando a los más vulnerables expuestos a la miseria y al despojo.